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La economía colaborativa, en tela de juicio

Europa busca una homogeneización en este ámbito a la vez que las compañías del sector sortean obstáculos judiciales
España cuenta con cerca de 400 empresas que basan su negocio en la economía colaborativa
La economía colaborativa dejó alrededor de 28.000 millones de euros en Europa durante 2015

José A. González


«Debo absolver y absuelvo a las demandadas de las pretensiones contra ellas deducidas, sin expreso pronunciamiento de las costas». Esta es una parte de la sentencia del magistrado Andrés Sánchez Magro, juez titular del Juzgado de lo Mercantil número 2 de Madrid, donde se responde a la demanda de Confebús contra BlaBlaCar por competencia desleal.
En su texto, Sánchez Magro argüía que «BlaBlaCar realiza una actividad ajena a la regulada por la Ley de Ordenación de los Transportes Terrestres». Decisión que dio un espaldarazo al modelo de la compañía francesa y fue un jarro de agua fría para la industria del autobús española, que recurrió la sentencia.
Esta decisión supuso un espaldarazo a la economía colaborativa, que vuelve a estar de actualidad después de que un magistrado del Tribunal de Justicia de la UE destacara que Uber «no es una plataforma digital, sino un servicio de transportes». Esto implica que tienes que tener la autorización correspondiente. «La pregunta es si valen las licencias VTC; es la gran cuestión», señala Leandro Núñez, socio del despacho Audens.
Esta recomendación del abogado general del Tribunal de Justicia de la UE es «una opinión del abogado general», explica Núñez, «luego el Tribunal la puede seguir o no», añade.
Sin embargo, esta línea se suma a los planteamientos del Ejecutivo europeo que en noviembre ya se pronunció sobre el negocio de Uber en España. «Hoy, en lo que concierne a Uber en España, nuestra opinión es que no constituye un servicio exclusivamente de la sociedad de la información», señalaba Lucía Caudet, portavoz del Ejecutivo europeo encargada de los asuntos de Industria y Mercado Interior.

Airbnb, Cabify o Uber

En junio de 2016, la Comisión Europea incitó a los países miembros a homogeneizar la normativa reguladora de un sector cada vez con mayor peso en las economías occidentales.
Alrededor de 400 empresas operan en este ámbito en España, lo que la sitúa como país líder en la Unión Europa, según el informe de la Universidad de Barcelona (UB) y la OBS Business School.
La economía colaborativa, basada en intercambiar y compartir bienes y servicios a través de plataformas electrónicas, se ha ido extendiendo y ha entrado con fuerza en ámbitos como el del alquiler de alojamiento (Airbnb), el del transporte de personas (BlaBlaCar, Cabify o Uber) o el del comercio minorista (Wallapop), entre otros.
En este caso, los servicios de transporte son los que acumulan más líos judiciales. «La economía colaborativa es amplísima y hay que analizar cada caso aisladamente, no se puede generalizar», puntualiza Núñez.
El experto legal del despacho Audens va más allá del tema de las licencias de transporte y pone el foco en los trabajadores. «Muchos de ellos son autónomos y queda la duda de si existen relación laboral, son falsos autónomos o qué estatus tienen. Este es el tema». Fuentes consultadas por este diario aseguran que los conductores de Uber son autónomos y «en el momento que quieran pueden dejar de colaborar apagando su aplicación».

Explosión colaborativa

Más allá de descubrir el modelo de negocio de Uber, el Tribunal de Justicia de la UE se pronunciará en los próximos meses. La economía colaborativa acumula procesos judiciales a la vez que aumenta su importancia.
Los últimos datos del Eurobarómetro de 2016 estima que las plataformas de economía colaborativa ingresaron cerca de 28.000 millones de euros en 2015. En España, según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), las aplicaciones más utilizadas son las de compra o alquiler de productos de segunda mano, que casi un 27% de los internautas usan al menos una vez al año; seguidas del alojamiento en casa de otro particular, con un 9,7% de uso; y de aquellas plataformas que facilitan compartir trayectos en automóvil entre ciudades, con un 6,4% de uso.
«El problema tiene difícil encaje. Estamos hablando de servicios que no existían y no hay ley para ellos. Hay una inseguridad tremenda y se están produciendo problemas porque se generan tensiones», relata Núñez.
«Al final, las plataformas electrónicas dependen de cómo se configuren. Si una persona hace una herramienta donde la gente se apunta a ella y contactan entre ellos eres plataforma. Pero si organizas, produces y ofreces un producto, quizás no solo seas una plataforma», sentencia el experto.

Un día con Uber, así funciona el servicio

Su implantación en Madrid hace un año fue bien recibida por los usuarios, pero no tanto por los taxistas

Edurne Martínez

La llegada de Uber a Madrid -o mejor dicho, la ‘rellegada’- hace un año supuso que inevitablemente se abriera otra vez el debate sobre la necesidad, ventajas e inconvenientes que este servicio supone para usuarios, taxistas y nuevos conductores. Aunque por el lado de los taxistas desde el principio dejaron claro su descontento e intención de volver a denunciar a la plataforma, los madrileños y turistas recibieron con los brazos abiertos un servicio que era una realidad ya asentada en la mayoría de capitales europeas.
Características de UberX
En su segundo intento, la empresa llegó a Madrid bajo la aplicación UberX, un servicio más profesionalizado que el anterior porque los conductores operan vehículos con licencia VTC. Una de sus ventajas, el ahorro. Yuri Fernández, portavoz de la compañía, explica a este diario que la plataforma «ofrece hasta un 30% de diferencia en el precio de los trayectos más habituales».
Algunos de los servicios adicionales son que el pasajero puede compartir su ubicación en tiempo real y que si se viaja acompañado, la ‘app’ divide el precio final del trayecto. Algunos conductores ofrecen botellas de agua, caramelos o cargadores de móvil para mejorar su valoración.
Acerca de su expansión por el resto de España, Fernández explica que debido a las restricciones de la regulación de transporte actual y la limitación al número de licencias, «es difícil la llegada de Uber a otras ciudades, además de Madrid».
Los conductores
Ángel, conductor de un Mercedes Benz E-Class negro, dice que para poder trabajar con Uber hace falta tener un coche con licencia VTC, ser autónomo y no tener antecedentes penales. Añade que la plataforma no pide exclusividad, por lo que pueden trabajar para otras ‘apps’ y cooperativas. «Es una forma de emprender, como coger una tienda, pero móvil», asegura.
Los usuarios
David Roch, usuario de Uber, destaca que la buena noticia es que haya muchas alternativas «y así que cada uno elija la que necesite en cada momento». En su opinión, la ventaja de los taxis es que no hay que esperar a que llegue el que has pedido por la ‘app’, sino que puedes ir a una calle concurrida y coger el primero que pase. Eso sí, en cuanto al servicio, siente que con Uber «es más como ir en limusina que en taxi», ya que el conductor va trajeado, te ofrece agua y caramelos, etc.
El joven entiende el rechazo de los taxistas ante la llegada de Uber: «Ha sido un gremio que ha ostentado el monopolio del servicio y la competencia no le gusta a nadie».