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El químico que se alió con la electricidad


El británico Humbry Davy utilizó a comienzos del siglo XIX una pila voltaica para separar los compuestos y descubrir nuevos elementos como el potasio, el sodio o el magnesio

David Valera


La tabla periódica cuenta actualmente con 118 elementos, aunque sólo los primeros 95 existen en la naturaleza y el resto han sido generados en laboratorio. Sin embargo, el descubrimiento de cada uno de estos metales y gases ha sido una labor de siglos. Algunos eran tan abundantes que se utilizan prácticamente desde los primeros pasos de la humanidad (plata, oro, cobre, hierro...). Sin embargo, hubo que esperar varios siglos para tener la tecnología suficiente para hallar otros elementos y, más importante todavía, comprender sus características y propiedades. Uno de los principales responsables de estos avances fue el británico Humphry Davy, quien a finales del siglo XVIII y principios del XIX fue capaz de aislar hasta siete elementos gracias a una técnica revolucionaria: la electroquímica.
 Davy nació en Penzance, una localidad de la región inglesa de Cornualles en 1778. Durante su infancia destacó enseguida por su lucidez y su gusto por escribir. Sin embargo, los continuos cambios de residencia de su familia dificultaron su formación. Al morir su padre en 1794 empezó a trabajar como ayudante de un médico. Y fue en ese momento, siendo todavía era un adolescente, cuando entró en contacto por primera vez con productos químicos que encontró en la botica como ayudante del doctor. Desde entonces su vida cambió atraído por las reacciones de esos elementos.
De hecho, las primeras pruebas químicas las realizó en el dispensario de la botica. En ese momento Davy contaba con su inquietud y curiosidad, además de una inteligencia innata. Sin embargo, le faltaba formación en esa ciencia. Algo que pudo subsanar al leer ‘El tratado elemental de química’ de una de las mentes más brillante de la Ilustración, el francés Antoine Lavoisier. A partir de ese momento, Davy se propuso emular e incluso superar al químico galo.
Para ello empezó a trabajar en un laboratorio y a experimentar. En algunos casos arriesgando su vida al inhalar distintos gases puros para comprobar sus efectos. O  simplemente al estar expuesto a gases producto de reacciones químicas .
Sin embargo, otras veces esos gases le proporcionaron diversión. Es el caso de la inhalación del óxido nitroso, conocido popularmente como gas de la risa, del que llegó a ser adicto. Pero Davy quiso ir más allá y mostrar sus avances al público. Y para ello se valió de su gran oratoria para crear auténticos espectáculos de entretenimiento con sus reacciones químicas. El gas de la risa también hacía furor entre el público asistente. Estas puestas en escena le convirtieron en toda una celebridad de la época hasta el punto de que lograr una entrada para sus exhibiciones se convirtió en todo un lujo.

La electrólisis

Pero además de un gran divulgador, Davy fue un pionero en el campo de la electrólisis, una técnica revolucionaria que se valía de la electricidad para separar los elementos químicos de un compuesto. Este avance se basa en otro gran invento de la época realizado por otro genio científico como fue Alessandro Volta y su pila eléctrica. Con ella otro químico británico, William Nicholson realizó un enorme hallazgo en 1800. Al poner los electrodos en contacto con el agua en uno de los terminales había hidrógeno y en otro oxígeno, los dos elementos que componen agua (H2O). De esta forma se descubrió una manera de separar los compuestos. Esta misma técnica llegó a oídos de Davy que no dudó en sacarle partido.
De esta forma,  utilizando la reciente pila voltaica logró aislar metales nuevos y lograr importantes descubrimientos.  En concreto, en 1807 aisló el potasio y el sodio. Un año después obtuvo boro y magnesio. Un tiempo más tarde llegaría el calcio, el estroncio y el bario. Posteriormente, uno de los discípulos de Davy, el químico Michael Faraday, enumeraría las leyes de la electrólisis y la universalizó.
En cualquier caso, todos estos avances permitieron a Davy ingresar en la prestigiosa Royal Society. Pero todavía le falta por descubrir otro elemento: el cloro. En realidad había sido observado unos años antes, en 1774, por el químico sueco Carl Wilhelm Scheele. Sin embargo, había estimado erróneamente que contenía oxígeno y por tanto no era un elemento puro. Algo que Davy logró desmentir en 1810 al demostrar que el cloro era un gas individual.
Sus éxitos y su fama le convirtieron en uno de los personajes más respetados de Reino Unido. De hecho, en 1820 fue elegido presidente de la Royal Society, organización que presidió hasta su muerte en 1829. Los avances de Davy permitieron conocer nuevos elementos químicos que existen en la naturaleza, pero que hasta entonces habían pasado desapercibidos, así como las reacciones que generan.

Una lámpara para evitar accidentes en las minas

Los conocimientos químicos de Humphry Davy revolucionaron no sólo su campo científico, sino que también sirvieron para importantes mejoras prácticas en el día a día de mucha gente. Y uno de los colectivos que más rápido pudieron beneficiarse de los avances de Davy fueron los mineros. Estos trabajadores utilizaban lámparas para iluminarse en los túneles. Sin embargo, eran peligrosas debido a que si se producía algún escape de gas podría provocar explosiones. De hecho, en 1812 uno de estos accidentes en una mina inglesa de Newcastle provocó casi un centenar de fallecidos. Esto provocó que la Sociedad para la Prevención de Accidentes en Minas de Carbón se dirigiese a Davy para que pusiese sus conocimientos químicos al servicio de mejorar la seguridad de las minas.
El científico británico se puso manos a la obra. Sabía que el principal peligro era el contacto de la llama de la lámpara con el aire de los túneles mineros por la reacción con algunos gases, principalmente metano. Para evitar este peligro Davy buscó una solución sencilla pero muy útil. Cerró la lámpara con una pequeña tela metálica de manera que impidió que la llama estuviera expuesta a los gases exteriores. De esta forma se evitaba la explosión. El diseño de este artilugio recibió el nombre de lámpara de Davy y tuvo bastante éxito en las minas inglesas como elemento de seguridad. En cualquier caso, otros inventores posteriormente fueron perfeccionando el funcionamiento de este tipo de lámparas.