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Los pioneros olvidados del submarino

El riojano Cosme García, Narciso Monturiol e Isaac Peral desafiaron a la ingeniería de su época con el desarrollo de los primeros sumergibles civiles y militares

Por David Valera

Tres genios obsesionados por navegar bajo las aguas. Tres mentes creativas adelantadas a su tiempo. Tres  víctimas de la incomprensión de sus coetáneos. Tres pioneros olvidados. Cosme García, Narciso Monturiol e Isaac Peral son los padres del submarino, un invento con un claro sabor español.

El primero en intentarlo fue el riojano Cosme García. Nació en Logroño en 1818 y pronto mostró sus grandes aptitudes por la ingeniería mecánica. En 1859 logró un privilegio de invención –una patente de la época– sobre un rudimentario sumergible. García pronto llevó la teoría a la práctica y en 1860 dejó impresionados a los congregados en el puerto de Alicante cuando su ‘aparato-buzo’ de seis metros de eslora e impulsado por sistemas de lastre avanzó bajo las aguas. Sin embargo, a pesar del éxito, las autoridades no mostraron mayor interés y el inventor riojano tuvo que resignarse y abandonar su empeño.

Paradójicamente, casi al mismo tiempo que Cosme García desafiaba a la mecánica, el catalán Narciso Monturiol también soñaba con descubrir los secretos marinos viajando a bordo de un vehículo que denominó Ictíneo. Pero la suerte tampoco le sonrió. Y no por falta de conocimientos. Natural de Figueras, estudió Derecho por presión de sus progenitores, profesión que nunca ejerció. Y es que su verdadera vocación era desarrollar artilugios. Algunos expertos aseguran que la idea de crear un submarino le sobrevino al observar las duras condiciones de trabajo y los peligros de los pescadores de coral. Sin duda un sumergible aliviaría esta labor.

Sea como fuere, Monturiol se puso manos a la obra. Suplió sus carencias académicas en la materia por una intensa formación autodidacta. Así, en 1859 realizó la primera prueba con el Ictíneo, un sumergible con casco de madera, siete metros de eslora y dos y medio de manga con forma de pez. A pesar de los primitivo de su apariencia y de alguno de sus sistemas cumplió airosamente su cometido. Animado por el éxito Monturiol pasó los siguientes años recaudando fondos para construir una segunda versión mejorada. 

Por fin, en 1866 llegó el momento de poner a prueba su ingenio. El Ictíneo II era un sumergible mucho más avanzado. Para empezar sus dimensiones crecieron notablemente hasta alcanzar los 17 metros de eslora y tres de manga. Además, una de las principales innovaciones se encontraba en la tracción. Y es que el sumergible se propulsaba mediante un motor de vapor alimentada por la reacción exotérmica obtenida con un reactor capaz de generar oxígeno. Además, para ganarse el favor del Gobierno y de los militares incorporó un cañón al sumergible. Las pruebas fueron un éxito, pero incomprensiblemente las autoridades no supieron ver las oportunidades y, una vez más en la historia de la ciencia española, el prometedor invento acabó abandonado. 

Unos años después le llegó el turno a Isaac Peral, sin duda, el más reconocido de los tres. Y es que el cartaginés es el padre del submarino moderno. Ya no había casco de madera, sino de acero. Los 22 metros de eslora y 2,87 metros de manga se desplazaban gracias a dos motores eléctricos que le otorgaban una autonomía de 200 millas. Además, contaba con sofisticado periscopio y un lanzatorpedos. El 8 de septiembre de 1888 fue botado en el arsenal de La Carraca (Cádiz) y cumplió las expectativas. Pero la hazaña no sirvió para desarrollar una industria submarina y Peral murió prematuramente en 1895 sin ver los frutos de su ingenio. Más de un siglo después, las maquetas de los sumergibles de estos tres genios en su día ignorados se exponen en las calles de sus ciudades natales a modo de un tardío tributo. 


 

Ictineu 3, la moderna exploración subacuática 

 

Por David Valera

La tradición submarina española tiene en el Ictineu 3 –en claro homenaje al sumergible de Monturiol– su último prototipo y un digno heredero al espíritu científico de los pioneros Cosme García y el propio Narciso. Este sumergible civil para uso científico ha sido presentado recientemente en la feria tecnológica Martech tras diez años de desarrollo y una inversión de 2,5 millones de euros.  Una financiación que, aparte de capital privado y subvenciones públicas, ha contado con una importante contribución de particulares a través del ‘crowdfunding’ (hasta 200.000 euros). A falta de unas últimas pruebas será botado oficialmente en unas semanas y se convertirá en el primero de sus características en España.

Este minisubmarino tiene capacidad para tres personas, desciende hasta los 1.200 metros, posee una autonomía de diez horas bajo el auga y cuenta con una cúpula de metacrilato. «La mayor parte de los países de nuestro entorno tienen submarinos civiles de este tipo usados para la investigación científica», explica PereForés, director general de Ictineu Submarins. 

De hecho, diversos centros  internacionales ya se han puesto en contacto con Forés interesados en utilizar este aparato para estudiar la biología y el fondo marino. Pero el Ictineu también es muy útil durante catástrofes como el Prestige. No en vano, en aquella ocasión fue necesario utilizar un submarino francés para realizar las operaciones en el petrolero hundido. Pero también han demostrado su valía a la hora de recoger las cajas negras de aviones estrellados en el mar o para la arqueología submarina.