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Las primeras notas del piano

El músico e inventor italiano Bartolomeo Cristofori desarrolló este nuevo instrumento hace tres siglos con el que mejoró el sonido de anteriores ingenios de teclado como el clavicordio.

 

DAVID VALERA

Escuchar algunas de las sonatas para piano del inigualable Ludwig van Beethoven o dejarse envolver por las delicadas melodías que Frédéric Chopin o Franz Liszt dedicaron a ese instrumento son un deleite para el oído. Grandes genios de la música como Amadeus Mozart han plasmado y legado su arte y talento en ese ingenio de 88 teclas que incluso ha regalado alguna de las escenas más famosas del cine. Sin embargo, aunque hoy en día forme parte de lo que se asocia a la música clásica, el piano fue uno de los últimos instrumentos en sumarse a ese maravilloso cóctel sinfónico.

De hecho, sus notas son mucho más recientes que las emitidas por violines, trompetas o timbales, que han acompañado al hombre casi desde el principio de la música, aunque con distintas variables. En comparación con todos ellos, el piano es un instrumento joven, aunque cuente con tres siglos de historia. Y es que su inconfundible sonido fue escuchado por primera vez en 1700 gracias al italiano Bartolomeo Cristofori.

Pocos datos hay sobre los primeros años de Cristofori, más allá de que nació en Padua, una ciudad de la entonces República de Venecia, en 1655. Es evidente que durante su juventud aprendió a tocar diversos instrumentos, pero también debió poner a prueba su tremenda capacidad imaginativa dando lugar a nuevos aparatos sonoros. Sólo así se explica que con 30 años llamara la atención del Príncipe Fernando de Médici, la familia gobernante en Toscana y una de las más ricas e influyentes de toda la península italiana. Fernando era un amante de la música y decidió contratar a Cristofori como técnico para el cuidado y mantenimiento de sus valiosos instrumentos. Sin embargo, Fernando también le permitió e incentivó a que desarrollara nuevos ingenios musicales con los que descubrir ignotas melodías.

El joven veneciano aceptó el trabajo a cambio de un elevado salario para la época, lo que refuerza la idea de que ya había tenido éxito con algunos de sus primigenios inventos. Cristofori se trasladó a Florencia para estar al servicio de los Médici. Allí combinó su capacidad creativa con la de restauración. Puso especial énfasis en arreglar los clavicémbalos, unos antecesores del piano. Precisamente a través del conocimiento casi al milímetro que obtiene al reparar estos instrumentos se le ocurre ir un paso más allá.

De esta forma inventa dos nuevos aparatos de teclado que podrían considerarse variables del clave. Uno de ellos fue el ‘spinettone’ (gran espineta), que es una especie de clavicordio con las cuerdas inclinadas. El segundo fue una espineta ovalada con las cuerdas más largas. Sin duda, ambos instrumentos le fueron muy útiles para desarrollar la que sería su obra magna. No sé sabe exactamente en qué momento Cristofori creó el piano, aunque debió ser a finales del siglo XVII. Y es que un inventario sobre la colección de instrumentos del Príncipe Fernando fechado en 1700 describe por primera vez un piano al que denomina arpicémbalo.

Poco a poco Cristofori perfecciona ese nuevo instrumento y durante las siguientes dos décadas construye varios pianos. Sin embargo, la recepción no fue muy acogedora entre los músicos, que seguían prefiriendo el clavicordio u otros instrumentos de teclado. Tampoco ayudó a su expansión el elevado coste de su fabricación.

La muerte de Fernando de Médici en 1713 dejó a Cristofori sin su mecenas y protector. Sin embargo, eso no evitó que siguiera con su actividad creadora. De hecho, en la actualidad se conservan tres pianos del inventor italiano. Una de esas joyas, un piano de 1720, se encuentra en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Otro datado en 1722 está en el Museo Nacional del instrumento musical de Roma y un tercero, el más moderno al ser construido en 1726, se encuentra en la Universidad de  Leipzig.

Por desgracia, Cristofori falleció en Florencia en 1731 sin poder ver cómo su instrumento se convertiría en pieza fundamental de la música. Y es que sólo un año después de su fallecimiento surgieron las primeras composiciones específicas para piano. Fueron doce sonatas escritas por el músico Lodovico Giustini. A partir de ahí, cada vez más artistas se atrevieron con esas teclas hasta que los grandes genios del siglo XIX supieron sacarle todo el partido y convertir el piano en un elemento imprescindible de sus grandiosas sinfonías.

De la orquesta sinfónica al jazz

A comienzos del siglo XVIII algunos instrumentos de teclado, como la espineta, llevaban más de un siglo sonando en las principales cortes europeas. También el clavicordio había obtenido un importante éxito. Sin embargo, una de las grandes ventajas del piano respecto a su antecesores era que el invento de Bartolomeo Cristofori mejoró el sistema de percusión de las cuerdas de manera que el instrumento no emitía un sonido metálico como sus competidores y además permitía variar el timbre y lograr sonidos con distinta intensidad en función de la presión ejercida sobre la tecla. De ahí que su creador denominase al instrumento como ‘gravicembalo col piano e forte’, de donde evolucionó su nombre actual.

Sin embargo no fue hasta la segunda mitad del siglo XVIII, de la mano de la revolución industrial, cuando el piano se expandió gracias a las mejoras técnicas y al abaratamiento del proceso de fabricación propiciado por la tecnología. Pero fue en el siglo XIX cuando este instrumento alcanzó las cotas más elevadas de la mano de figuras como Chopin o Liszt. De esta forma el piano entró por la puerta grande en las orquestas sinfónicas de todo el mundo.

Sin embargo, el piano también supo adaptarse a la música moderna del siglo XX. Así es un instrumento clave e imprescindible en el jazz, donde han surgido otros de los grandes pianistas de la historia, y también tiene una gran presencia en el blues. Además, el piano electrónico ha permitido su popularización entre el gran público.

Ilustración: A. Sánchez