Un técnico del proyecto 'The ifs' ultima los detalles de estos bloques tecnológicos dirigidos a la infancia. / R.C.

Aprender a programar antes que leer y escribir: así es la familia The Ifs

Cuatro emprendedores e inventores zaragozanos desarrollan un sistema de bloques con afán internacional, que permite agilizar los avances educativos entre los más pequeños

A. HERRANZ Madrid

¿Se puede aprender a programar antes que a leer y escribir? Eso aseguran los promotores de The Ifs, una familia de robots ideados en Zaragoza con la que cuatro inventores y emprendedores quieren que a los más pequeños les resulte atractivo y sencillo aprender a programar... mientras juegan y todo sin tener que usar una pantalla.

Según explica Luis Martín, uno de los creadores de esta familia de robots, la idea surgió junto a los otros socios (Borja Latorre, Fergus Reig y Esther Borao) en 2016. Juntos tienen una academia, Taller de Inventores, y allí se dieron cuenta de que existía la necesidad de tener algo que, en edades muy tempranas, permitiera aprender a programar a través del juego, y sin necesidad de ordenadores ni conocimientos previos.

Precisamente una de las cosas qué diferencia The Ifs de otras propuestas es, según él, que no se necesita un ordenador o 'tablet' para aprender. «Muchas propuestas se basan en la programación secuencial: son robots a los que simplemente puedes guiar en unas determinadas direcciones. El objetivo es que lleguen de un punto a otro. Es la programación más sencilla, pero no enseña ni programación ni robótica», asegura.

Luego están las técnicas que usan ordenadores o pantallas, que son una programación por bloques, «y es necesario que el menor tenga cinco o seos años para que pueda leer esa información», aclara este emprendedor. «Nuestra herramienta busca aunar las dos vertientes: que los robots se puedan mover en espacios físicos, pero con instrucción más complejas que adelante o atrás.

Algo más que informática

The Ifs quiere que los menores, especialmente las niñas, puedan aprender a programar antes que saber leer y escribir, sin necesitar una pantalla. Cada bloque (llamados Holly, Liam, Noah y Emma) tiene roles y capacidades diferentes, a fin de que puedan complementarse entre sí. Además, se les puede disfrazar para transformarles en otros personajes y permiten que se les creen otros nuevos con impresión 3D. Además, ayudan a trabajar en equipo y a la creatividad.

De hecho, esta familia de robots está concebida para que pueda ir creciendo en complejidad a medida que el niño va desarrollando sus capacidades. Además, tienes fichas de condiciones a escoger, como la temperatura, agitar, generar sonidos, mostrar sentimientos o incluso llegar a pronunciar palabras.

Estos robos han sido probados tanto en la academia de Zaragoza donde nacieron como en demostraciones por diversos países. «Las niñas responden muy bien, y es donde nos queremos centrar».

'Crowdfounding'

Esta iniciativa ha recibido varios premios, pero aún necesita dinero para poder producir en masa los robots y que lleguen a las tiendas. Los fundadores quieren, en principio, alejarse de la idea de tener que pedir un crédito a un banco. Por eso esperan encontrar gente interesada en comprar esta familia de robots. Para ello, basta enviar un correo electrónico a su web (www.theifs.cc), y luego lanzar una campaña de financiación tipo 'crowdfounding' a través de Kickstarter.

Luis Martín sostiene que el sistema de aprendizaje es tan fácil que ningún padre o tutor tendrá problemas tampoco para guiar a los menores. Los miembros de la familia The Ifs están equipados con sensores y actuadores programables a través de piezas: un «if» supone condición, un «then» acción. La combinación de ambas fichas hace que puedan interactuar entre ellos y con el resto del mundo.

Además, estos robots son compatibles con Arduino, una tecnología NFC en los bloques de programación para radiofrecuencia entre los diferentes robots y, a su vez, comunicación vía WIFI/Bluetooth 4.0 con el resto del mundo.

Cada miembro de la familia The Ifs es diferente para permitir el trabajo en equipo entre los más pequeños y resolver problemas usando sus súper poderes establecidos: movimiento, emociones, detector de presencia y cambio de color. Además, su dificultad aumenta conforme los niños van adquiriendo habilidades, por lo que puede acompañarlos a lo largo de diferentes etapas educativas.