Aspersores antihielo con sello español para carreteras heladas

La empresa española SICO y Aimplas comercializan una innovadora planta de producción autónoma de salmuera que evitará el transporte tradicional con camiones a las zonas más complicadas

ISAAC ASENJO MADRID.

El frío, la nieve y el hielo. Un sin fin de fenómenos atmosféricos dificultan la circulación en invierno y pueden provocar algún que otro accidente. Hace tan solo un año, miles de personas soportaron hasta 18 horas atrapadas en la autopista de peaje AP-6 a temperaturas bajo cero debido a un temporal, mala gestión o falta de información.

Los afectados, algunos porque no se enteraron de los avisos, otros porque no tomaron las precauciones necesarias, tuvieron que ser rescatados por efectivos del Ejército. Los camiones que esparcen sal durante la madrugada para evitar que se formen grandes placas de hielo se quedaron cortos y la carretera se convirtió en una pesadilla para muchos. Es algo que probablemente no vuelva a ocurrir en un futuro ya no muy lejano, y que las heladas sobre el asfalto puedan dejar de ser un problema.

España se encuentra en la vanguardia de la investigación en materia de seguridad vial con soluciones como ésta. La empresa valenciana Sico, junto al Instituto Tecnológico del Plástico (Aimplas), ha desarrollado un nuevo sistema contra el hielo revolucionario que podría desbancar a los camiones tradicionales, esos que en ocasiones tardan en llegar cuando más se necesitan.

El proyecto estuvo en fase de pruebas y ya se está usando en varias carreteras como la aragonesa A-23, la autovía del Nordeste, la N-420 o la autopista de peaje AP-68 a su paso por Altube (Álava). Ahora está listo para su comercialización y exportación a latitudes tan rudas como Rusia o Polonia, su prueba de fuego.

Pero, ¿en qué consiste el invento? El sistema es un mecanismo parecido al de aspersión de agua típica de los jardines, aunque en este caso de sal. Gracias a una pequeña central de salmuera, que puede estar bajo tierra, y a cientos de aspersores de sal, el mecanismo de riego pulveriza una solución de agua y sal -o cualquier compuesto necesario--cada cierto tiempo, cuando detecta que es necesario. «De manera automática lanzan sobre la calzada el fundente que impide la formación de hielo, justo en aquellos puntos donde estratégicamente es difícil prever el riesgo de aparición de placas en un momento determinado en función de las condiciones climáticas, pues en muchos sitios es cambiante de una hora para otra», explica Antonio Cogollos, gerente de la empresa SICO.

Autonomía

El objetivo es el de eliminar el hielo para aumentar el agarre de los coches a su paso por los tramos más conflictivos de las carreteras, por lo que la empresa es capaz de montar varios depósitos en los puntos más estratégicos, donde se suelen situar las peores heladas. ¿Y dónde debe estar ubicada la central productora de salmuera? «Una de las innovaciones de este sistema es que puede estar alojada en la misma vía gracias a la autonomía en su funcionamiento mediante el empleo eficiente de energías renovables, eliminando de esta manera el transporte con vehículos, el coste del combustible y las horas de traslado», cuenta Cogollos.

Cada centro de conservación de carreteras tiene su sector de actuación y desde ahí el uso de la tecnología permitiría llevar la salmuera a cada tramo específico en función de la necesidad que se observe. Esto es más relevante de lo que parece, porque conseguir que los camiones con la salmuera lleguen a recargar no es tarea fácil precisamente por el estado de las carreteras, sobre todo las de puertos de montaña o de difícil acceso.

Otra clave es el plástico utilizado para los depósitos de salmuera. Gracias a ello estas instalaciones son prácticamente de por vida. Por el contrario, los tanques metálicos que se han utilizado tradicionalmente para contener salmuera tienen que tener, desde el primer día, un mantenimiento muy escrupuloso porque el cloruro sódico está considerado una sustancia muy corrosiva.

«Se trata de un sistema totalmente de plástico reciclable con materia prima de primera calidad, por lo que no solo ahorra costes y la durabilidad es mayor, sino que también es menor el impacto medioambiental», explica Serafín García, responsable de Diseño e Inyección de Aimplas. La empresa garantiza por 15 años la vida del reactor, una instalación cara de 16.000 euros. Eso sí, con un mínimo mantenimiento puede durar siempre.

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