La bioimpresión 3D a un coste bajo y más accesible

El ingeniero Enrique Sodupe con una de las bioimpresoras desarrolladas en la Facultad de Ingeniería de la UR./justo rodríguez
El ingeniero Enrique Sodupe con una de las bioimpresoras desarrolladas en la Facultad de Ingeniería de la UR. / justo rodríguez

El ingeniero Enrique Sodupe desarrolla una tesis en la UR mediante la cual genera bioimpresoras 3D a partir de impresoras 3D, disminuyendo los costes, aumentando el conocimiento colectivo de la bioimpresión y expandiéndola a los laboratorios

Tania Nastase
TANIA NASTASE

Conseguir una bioimpresora 3D a un precio asequible es posible. Así lo demuestra el joven ingeniero Enrique Sodupe, quien a comienzos de este año culminó su tesis doctoral tras cuatro años de trabajo en el campo de la bioimpresión. Su proyeto, 'Novel advances in bioprinting based on the mechanical design and optimization of open-source systems', fue llevado a cabo en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial de la Universidad de La Rioja, estuvo dirigido por Alpha V. Pernía y Andrés Sanz García, y ha sido calificado con sobresaliente 'cum laude' con mención internacional.

Lo que le ha permitido al logroñés obtener el título de doctor es la fabricación de bioimpresoras 3D a partir de impresoras 3D comerciales, con modificaciones que ha realizado de una forma colaborativa y teconología 'open-source', logrando un ahorro significativo, permitiendo expandir la tecnología de la bioimpresión a los laboratorios de ingeniería de tejidos y prometiendo ser una solución práctica para resolver la creciente demanda de órganos y tejidos.

LA TESIS
Título
'Novel advances in bioprinting based on the mechanical design and optimization of open-source systems'.
Año
2015-2019.
Directores
Alpha V. Pernía y Andrés Sanz García.
Centros de desarrollo
Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial de la UR, junto a la Universidad de Helsinki y el centro Twins en Tokio.
Proyecto
Desarrollo de una plataforma de bioimpresión 3D.
Ventajas
Más económico, flexibilidad o customización en la propia máquina y acceso online a las piezas y planos necesarios.
Resultado
Solución práctica para resolver la creciente demanda de órganos y tejidos.

Como es conocido, una bioimpresora era un artículo de lujo al que pocos tenían acceso y cuyo precio muy pocos laboratorios podían asumir. De ahí surgió la necesidad de su proyecto, de encontrar impresoras 3D de bajo coste, que puedan ser construidas y usadas por cualquier persona que tenga inquietud y conocimientos de ingeniería y pueda contruírsela en su casa, con materiales más o menos comunes. «Se engloba dentro del Proyecto RepRap, cuya filosofía es ser capaces de construir de una forma colaborativa impresoras 3D de bajo coste y con código abierto, es decir, que todos los planos o piezas necesarios para construir la máquina están en Internet», explica Sodupe. «Nos aprovechamos de ello -continua- para generar una máquina barata de 600 o 2.000 euros máximo, que no puede imprimir biomateriales, pero la modificamos para que sí lo pueda hacer, cambiándole el cabezal o haciendo algunos ajustes en la electrónica, en los sistemas de inyección, etc.», explica el ingeniero.

Así es como logra una bioimpresora que no supera los 3.000 euros y que consigue resultados equivalentes a impresoras comerciales que cuestan 20.000, 50.000 o 100.000 euros en función de sus características. «Nos acercamos lo máximo posible a una bioimpresora comercial, pero a un precio que es cincuenta veces menor: puedes tener 40.000 euros de ahorro», dice Sodupe. «Además -añade-, si más centros de investigación tienen más acceso a esta tecnología, entiendo que conseguiremos avances mucho más rápido».

Pero no todo es el precio, sino también la flexibilidad que ofrece a la hora de hacer modificaciones a la propia máquina y al software. Sin embargo, su uso es más complejo que el de las bioimpresoras comerciales, porque se necesita tener algún conocimiento de ingeniería.

Según explica el riojano, las pruebas que se están haciendo hoy en día son mucho más básicas: «Para hacer estos experimentos no se necesitan precisiones tan grandes ni gastarse 150.000 euros. A lo mejor, lo que se necesita es gastar 3.000 euros y construir cinco máquinas en las que estén trabajando cinco investigadores a la vez», señala el ingeniero.

Durante su investigación doctoral, Sodupe contó con un contrato FPI-CAR de la Comunidad de La Rioja y realizó dos estancias en Tokio y Helsinki.

mil euros se puede ahorrar si se opta por la modificación de impresoras 3D en vez de la compra de bioimpresoras 3D comerciales.