La descarbonización de la economía, el reto más importante del siglo XXI

El presidente Pedro Sánchez y la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, en un acto sobre energía. :: efe
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El presidente Pedro Sánchez y la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, en un acto sobre energía. :: efe

La ONU se pregunta qué coste tendría no tomar desde ya mismo las medidas que son necesarias, ante las discrepancias que todavía sostienen algunas de las grandes economías mundiales

ARANTXA HERRANZ

madrid. Pensar en global y actuar en local. Varios expertos reunidos hace pocas fechas en Madrid volvieron a poner de manifiesto la necesidad de actuar ya contra el cambio climático, promoviendo un cambio económico y social con un impacto a futuro. El Gobierno, por su parte, se ha comprometido a pelear más por los objetivos del Acuerdo de París, con una inversión de 235.000 millones de euros dentro de su Plan de Energía y Clima multianual.

La descarbonización de la economía, que pretende eliminar este mineral de la producción eléctrica y que se base en las energías alternativas y limpias, supone un reto especialmente económico. El objetivo es contener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2°C respecto a la época preindustrial, y alcanzar la neutralidad de emisiones a medio y largo plazo, entre los años 2050 y 2100.

Unos objetivos que, en el caso de la Unión Europea, son aún más ambiciosos pues pretenden aumentar el peso de las energías renovables del 27% al 35% en el 'mix' energético o que la eficiencia en su consumo se sitúe en un 40% a nivel europeo. «Los grandes problemas globales solo pueden ser abordados con la colaboración internacional y el trabajo conjunto de todos los países», señalaba Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, en una reciente visita a España.

«Europa sigue teniendo una importancia crítica en construir esa agenda»

Esta experta explicaba que no existe una sola receta que pueda ser aplicada a todos por igual. «El acuerdo de París establece hoja de ruta y objetivos», mientras que el último pacto de Polonia fija las herramientas para guiar el trabajo de los países y hacer un seguimiento colectivo, de forma que se pueda tener una visión integral para saber cómo se está avanzando hacia las metas del primero. «Cada Estado tiene que tener la confianza de que el resto hace su parte -explica- y así estamos de manera colectiva yendo hacia el objetivo común».

El plan de España

España, estima Espinosa, tiene un «liderazgo especialmente importante en este terreno». El Ejecutivo parece haber recogido el guante porque en ese mismo escenario el presidente Pedro Sánchez anunciaba una inversión de 235.000 millones en el Plan de Energía y Clima, como parte del compromiso en la lucha contra el cambio climático y el impulso de la transición ecológica. Poco después el ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, Pedro Duque, enumeraba la implicación de todas las áreas del Gobierno en este asunto, como los diferentes proyectos de investigación de las universidades españolas, la Plataforma Oceánica de Canarias o el Superordenador Mare Nostrum de Barcelona.

A juicio de la ministra para la Transición Energética, Teresa Ribera, el cambio de modelo está generando un espacio de incertidumbre en ciertas áreas: desde las empresas y los consumidores hasta los propios trabajadores. «¿Cómo podemos hacer esa transición para que se vea como algo inclusivo y duradero?», se preguntaba. «Estamos en un momento crítico y Europa tiene un peso importante en la construcción de la agenda global», aseguraba. Porque, pese a que el Viejo Continente pueda representar cada vez menos en términos de población o PIB, «en valores sigue teniendo una importancia crítica. Y el papel que podemos desempeñar en las decisiones en inversión, innovación y la confianza en las instituciones es fundamental».

Unas reflexiones compartidas por Espinosa, quien considera que los gobiernos cumplen un papel fundamental como interlocutores. «Hay que regular para que las inversiones y las conductas de la sociedad se encaminen en la dirección correcta, incluyendo a los actores no estatales. La transición tiene que ser justa, tener en cuenta a todos los actores», incidía.

En la misma línea se pronuncia Nicolas Stern, presidente del centro para el cambio climático de la London Schol of Economics, para quien «el camino hacia la economía cero es el paso más importante del siglo XXI». «Si no lo hacemos -advierte- estaremos en problemas. La alternativa a no hacer nada es equivocarnos». Y aunque se muestra optimista sobre conseguir los objetivos del Acuerdo de Paris, «me preocupa qué es lo que llegaremos a hacer realmente» para lograrlo.