¿Quién es dueño del 'software', la empresa o el trabajador?

En 2020 el sector de las patentes informáticas moverá 290.000 millones de euros, pero aún se discute sobre su propiedad intelectual

J. A. GONZÁLEZ Madrid

El informe 'The Economic and Social Impact of Software and Services on Competitiveness and Innovation' de la Comisión Europea señala que en 2020 el crecimiento del sector de las aplicaciones y patentes en informática habrá alcanzado los 290.000 millones de euros.

Bajo estos números, la protección del 'software' es uno de los quebraderos de cabeza de los desarrolladores, creadores y propietarios. «Los derechos de propiedad intelectual tienen como objeto incentivar la innovación en las diferentes áreas específicas de la tecnología en las que se buscan», apunta Gabriel Castilla Penalva, responsable del área de Ingeniería y Software de PONS IP, una de las multinacionales de este campo.

Por su parte, el llamado 'copyright' otorga al autor del programa el derecho a evitar copias no autorizadas de su trabajo, en especial del código fuente, su estructura, organización y secuencia. Sin embargo, otros aspectos funcionales no quedan cubiertos por esa misma licencia.

Pero la pregunta prioritaria ante el potencial del 'software' es quién es su propietario en una gran empresa y quién tiene los derechos de explotación. En el caso de un empleado asalariado, «la titularidad corresponde en exclusiva al empresario, salvo pacto en contrario», según fija la Ley de Propiedad Intelectual.

Además el contrato entre ambas partes podrá establecer un pacto de no competencia que no exceda como máximo los dos años. «En estos casos dependerá de si la obra era objeto del contrato o no, y del empleo de medios de la empresa y/o conocimientos adquiridos en el puesto, que la titularidad sea o pueda ser asumida por el empresario», señala la misma normativa.

Protección registrada

Para optar a la protección por medio de una patente, una invención debe cumplir varios criterios. Por ejemplo, debe estar constituida por una materia patentable, susceptible de aplicación industrial e implicar una actividad inventiva. En la UE se rigen más por el «carácter técnico» del programa, mientras en EE UU son más restrictivos. La patente concede un monopolio, pero se publica como una «una divulgación que ilustra las innovaciones en un campo tecnológico», es decir, se busca con ello un efecto arrastre.

En el caso de una obra por encargo, la cesión de los derechos está establecida en el contrato que firman las dos partes donde quedará por escrito «el tiempo y ámbito territorial pactado» y «determinando con claridad el tipo, calidad, destino, derechos cedidos, modalidades de explotación, plazos, versiones y remuneración». Mientras, en el ámbito universitario los derechos son del patrimonio de la propia universidad.

Reciclaje de 'software'

Según un informe de la EPA, la Agencia Federal de Protección Medioambiental en Estados Unidos, el 1% de los residuos sólidos es basura electrónica. Y desde 2017, los fabricantes de tecnología en España deben reacondicionar una parte de todos los dispositivos producidos en el país.

Clifford Eric Lundgren, alias Mr. Green, lleva trabajando gran cantidad de años en dar una segunda vida a los deshechos electrónicos que se amontonan por toneladas en todos los lugares del globo terráqueo. Pero una denuncia de Microsoft acabó enviándole a la cárcel.

No obstante, reciclar no es delito. Eric Lundgren pasó un año en la cárcel por grabar y vender discos de rescate de Windows (hasta 28.000) junto a los ordenadores reciclados. Fue condenado a una pena de 50.000 dólares de multa y 15 meses de prisión.

Microsoft ofrece estos discos de manera gratuita, incluso es posible descargar una copia de internet y grabarla sin coste alguno. Sin embargo, Lundgren y el distribuidor de Florida decidieron vender esos soportes a un precio simbólico de 25 centavos.

El 'software' queda automáticamente protegido por los derechos de autor en todos los países del Convenio de Berna (151, en total). En muchos los programas informáticos, ya sean en su forma de código fuente o como objetos, están amparados ya por esos mismos derechos. Y la mayor ventaja de este tipo de defensa es justo su sencillez.