Lilienthal, la obsesión por surcar los cielos

Lilienthal, la obsesión por surcar los cielos

A finales del siglo XIX este ingeniero alemán desarrolló varios prototipos de planeadores con los que logró cumplir su sueño de volar unos metros sobre el suelo

DAVID VALERA MADRID.

El ser humano siempre ha soñado con volar. Para lograrlo durante siglos ha desarrollado distintos artilugios intentando emular a los pájaros surcando los cielos. Sin embargo, mucho antes de que los hermanos Wright lograsen desarrollar el primer avión con motor y con él se inaugurara el comienzo de la aeronáutica, otros pioneros habían apostado por planeadores en los que el empuje del viento y la capacidad del piloto para manejar el aparato y batir las alas artificiales eran los únicos motores necesarios para desplazarse sobre el suelo. Y uno de los más famosos y que más lejos llevó ese invento a finales del siglo XIX fue Otto Lilienthal. Un genio que pagó con su vida intentar hacer realidad el sueño que le obsesionaba: poder volar.

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En la actualidad coger un avión es tan cotidiano como montarse en un tren o viajar en coche. Incluso ahora estamos acostumbrados a ver personas realizar deportes extremos en los que con la simple ayuda de un ala delta o incluso un traje alado son capaces de planear durante kilómetros. Algo que no habría sido posible sin las aportaciones de prototipos como los desarrollados por Lilienthal. Este genio, nacido en 1848 en la ciudad alemana de Anklam, demostró desde muy pequeño una pasión por surcar los cielos. De hecho, desde niño y junto a su hermano se interesó por la forma en que las aves desarrollaban las técnicas de vuelo. Tanto fue así que se inscribió en la escuela técnica regional de Potsdam para formarse como ingeniero. Posteriormente amplió sus conocimientos en la Real Academia Técnica en Berlín, donde realizó los primeros estudios matemáticos para desarrollar un aparato que permitiera el vuelo de los humanos.

Sin embargo, la guerra franco-prusiana se cruzó en su camino. Lilienthal decidió alistarse y combatió como fusilero. Al término del conflicto empezó a trabajar como ingeniero en varias empresas. Pero a partir de 1874 dedicó todo su esfuerzo a la posibilidad de volar. Para ello estudió la influencia del aire en el vuelo de los pájaros y construyó los primeros aparatos alados, una especie de primitivos parapentes. A pesar de su dedicación pasaron muchos años hasta que Lilienthal pudo probar uno de sus inventos. De hecho, en este tiempo el ingeniero alemán se dedicó a patentar otro tipo de artilugios. Uno de los más importantes fue el desarrollo de un pequeño motor de vapor para los sistema de calderas que demostró ser más seguro que los existentes en ese momento. De hecho, creó su propia compañía para fabricarlo y los beneficios de que obtuvo por ese trabajo los decidió invertir en perfeccionar sus máquinas voladoras.

En 1890 se produjo una decisión fundamental en la vida de Lilienthal. Y es que decide pasar de la teoría, había publicado varios libros con relativo éxito en los que exponía sus avances sobre las técnicas de vuelo basado en el estudio de las aves y la influencia del viento, a la práctica. Es decir, intentar volar con sus aparatos alados.

Primeros vuelos

Su primera prueba de vuelo se produjo en 1891 cerca de Potsdam, aunque el resultado fue decepcionante ya que apenas pudo impulsarse sobre el suelo durante una docena de metros. Sin embargo, le sirvió para mejorar la aerodinámica de su planeador.

De esta forma, en los siguientes saltos fue ampliando la distancia recorrida hasta que en 1893 llegó a volar durante 300 metros. Hay que tener en cuenta que para realizar las pruebas Lilienthal se lanzaba desde una colina y moviendo las alas de su rudimentario aparato trataba de mantenerse en el aire el mayor tiempo posible moviendo las alas como si fuese un pájaro. El ingeniero alemán estaba tan convencido de sus avances que patentó su artilugio bajo el nombre de 'Normalapparat'. Con este planeador Lilienthal obtuvo sus resultados más positivos logrando volar desde una colina a otra separada por unos centenares de metros. Las pruebas de vuelo empezaron a ser muy populares y a llamar la atención de otros ingenieros interesados en estos aparatos.

El 9 de agosto de 1896 Lilienthal estaba realizando sus experimentos. En el cuarto salto del día su aparato cayó al suelo tras un cambio repentino del viento. El ingeniero alemán falleció a causa de los traumatismos del golpe. Pese a su desaparición, su gran capacidad de innovación -llegó a desarrollar once planeadores distintos- ayudó al avance de la incipiente ciencia aeronáutica. Pocos años después de su muerte, los aviones empezarían a dominar los cielos.

 

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