«Hay que evitar la desaparición de la mujer en la carrera investigadora»

María Pau Ginebra, catedrática de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC)./R.C.
María Pau Ginebra, catedrática de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). / R.C.

La experta defiende el uso de biomateriales para generar nuevos huesos y dirigir células vivas

ARANTXA HERRANZMADRID.

Catedrática del departamento de Ciencia de los Materiales e Ingeniería Metalúrgica de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) de Barcelona, directora de la división de Biomateriales del Centro de Investigación en Ingeniería Biomédica de la UPC e investigadora asociada del Instituto de Bioingeniería de Catalunya (IBEC). María Pau Ginebra fundó en 2013 la compañía Mimetis Biomaterials, 'spin-off' de la UPC y ha recibido varios premios y reconocimientos a su trayectoria investigando el diseño y desarrollo de nuevos biomateriales para regeneración ósea y la ingeniería de tejidos. Hablamos con ella de estos biomateriales, su investigación así como de la situación de la ciencia en general y de la mujer en ella en particular.

- ¿Cuáles son las principales dificultades para investigar los biomateriales?

- Lo ideal es buscar materiales que estimulen a las células para que generen nuevos huesos. Es decir, bioactivos y transitorios. No hablamos de fármacos, sino de materiales. El objetivo es dirigir el comportamiento de las células vivas. Los fabricamos en el laboratorio, intentando que se parezcan lo más posible a los minerales que tenemos en los huesos. En lugar de utilizar altas temperaturas como en cerámica (a más de mil grados), nosotros lo hacemos en rangos más bajos. Nuestro cuerpo los fabrica a temperatura corporal; por eso el método es imitar la misma generación del cuerpo humano, aunque en el laboratorio.

- ¿Deberemos esperar mucho para que estas innovaciones lleguen al paciente?

- Hay un trayecto muy largo. No es lo mismo sacar una cafetera que algo para implantar en un paciente, la regulación es muy distinta. En nuestro grupo (lleva 20 años en esta línea) hemos conseguido varias patentes. Junto con dos estudiantes y un profesor se creó una 'spinoff' con la idea de ver si éramos capaces de llegar al mercado. Pero de la patente al paciente sigue habiendo un camino muy largo. En 2016 sacamos el primer producto: unos gránulos que aplican esta tecnología y permiten regenerar huesos. Ahora trabajamos en otro que se usa en impresión 3D para implantes óseos a medida.

- ¿Y cómo repercutiría en la vida de las personas?

- Todo lo que investigamos es para regenerar huesos. Cada tejido tiene sus especificados. El material sirve para que, cuando hay un defecto óseo en un hueso pueda 'rellenarse', o bien para implantes dentales pues si la mandíbula es delgada a veces no se pueden utilizar. También tiene su aplicación en casos de osteoporosis, dado que aquí se pierde masa ósea y ésta se puede recuperar a su vez con los biomateriales que investigamos.

- ¿Es difícil lograra la autofinanciación para una investigación pública?

- La UPC siempre ha tenido la inquietud de ayudar a los investigadores a transferir las investigaciones a la sociedad. Para un investigador que está acostumbrado a que valoren su trabajo por publicación, patentar es poco atractivo porque no se valora en la carrera de méritos. Por eso no se toma la decisión de patentar, sino publicar. Además, necesitas que se licencie a una empresa. Y ese es un camino muy largo. El problema principal es que los investigadores no tenemos el tiempo necesario para todos estos trámites.

- Ha recibido varios premios como mujer emprendedora e innovadora. ¿A qué ayudan estos galardones?

- A dar visibilidad a la tarea de transferencia de tecnología. Estos reconocimientos llegan a la opinión pública y crean concienciación social, sobre todo en el sentido de que la mujer puede liderar cualquier proyecto de investigación.

- Cada vez hay más mujeres universitarias, y mayoría en sectores como el sanitario. Sin embargo, aún hay más voces expertas masculinas que femeninas. ¿Hay techo de cristal en la investigación?

- La realidad dice que sí, y me remito a los hechos. Hay una progresiva desaparición de la mujer en la carrera investigadora, aunque no creo que haya discriminación intencionada. Yo no me la he encontrado, pero sí hay factores que hacen que la mujer se retire. Una parte importante es la falta de mecanismos de conciliación que, además, no se priorizan en la investigación. La mujer tiene que elegir y el hombre no se enfrenta a esta coyuntura. Es evidente que hay techo de cristal en la ciencia y hay que buscar fórmulas para que eso no pase.

- ¿Qué fórmulas son?

- Ser más flexibles en la conciliación, y que sea posible compaginar mejor. La carrera investigadora es muy exigente y competitiva. Por eso haría falta cambiar los criterios de evaluación en la promoción científica. Los momentos más exigentes coinciden con la edad fértil de la mujer. Si tienes familia, se penaliza a la mujer y el hecho de compensar la dedicación de la mujer a la familia. La promoción no debería basarse en datos tan fríos como el número de publicaciones durante un determinado tiempo.

- ¿Qué les diría a las mujeres que se quieren dedicar a la investigación?

- Hablando en general para todas las mujeres, diría que que no se paren ante el miedo a no hacerlo bien. La mujer es más crítica consigo misma y eso nos frena. Nos retraemos pensando que no estamos preparada. En la misma situación el hombre se lanza. Por eso, que no se pare ante las dudas de si será capaz o no. Que intente contrarrestar la autocrítica que nos paraliza. Somos más capaces de lo que nos creemos. Y si somos más conscientes de esa lucha interna, llegaremos al final a todo lo que nos proponemos.

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