Un exoesqueleto rentable, accesible... y riojano

Ejemplar de exoesqueleto ideado por Íñigo Sanz. /I.S.P.
Ejemplar de exoesqueleto ideado por Íñigo Sanz. / I.S.P.

La investigación permite la fabricación del sistema a cualquier investigador gracias al empleo de un hardware abierto

ÍÑIGO ZABALALogroño

Si hay un sector que nunca se mantiene parado con el paso del tiempo es la ciencia. Su evolución, su progreso e innovación es la base de su recorrido y de su relevancia. A comienzos de este siglo, Y. Sankai, investigador de robótica de la Universidad de Tsukuba configuró el primer exoesqueleto dirigido a personas con dificultadas para andar. Tras ese primer paso, llegaron otros. A partir de ahí, la ciencia ha continuado su camino. En 2005 se amplió la estructura del exoesqueleto configurando una estructura completa por todo el cuerpo.

La ciencia siguió complementado una idea inicial. El riojano Íñigo Sanz Peña ha continuado el relato dando un paso más. Ha desarrollado un sistema portable de sensores integrados. Un salto más, que dota a los exoesqueletos de un programa más eficiente. Una innovación que aporta el diseño de un sistema de sensores integrados para la adquisición de datos, que reemplaza la necesidad de empleo de los sistemas convencionales de cámaras y marcadores.

Íñigo Sanz Peña
26-12-1987. Logroño (La Rioja).
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Ingeniero mecánico por la Universidad de La Rioja.
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Máster en ingeniería industrial por la Universidad de La Rioja.
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Mejor expendiente académico en ingeniería industrial.
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Consultor en energías renovables.
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Ingeniero de proyecto en sistemas automáticos en la empresa Marzola.
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Miembro investigador en ingeniería biomédica.
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Doctorado en innovación en ingeniería de producto y procesos industriales en la UR.

De esta forma, es un diseño más rentable y accesible a los ciudadanos de los ya fabricados. Era el principal objetivo que Íñigo se marcó a la hora de iniciar la investigación. Convertir lo imposible en los posible. El primer mandamiento de un ingeniero que ya luce orgulloso en su historial el título de Doctor cum laude por la Universidad de su ciudad. La investigación ha sido dirigida por Julio Blanco y Joo H. Kim, de la New York University, en el marco del programa de Doctorado 'Innovación en Ingeniería de Productos y Procesos Industriales'. El uso de sensores integrados en el exoesqueleto para las extremidades inferiores, ofrece además una herramienta física para el diseño y simulación de exoesqueletos. El sistema creado permite reemplazar el uso de equipamiento convencional, independientemente del ambiente de aplicación.

«No está patentado. Es un diseño evolutivo, la investigación tiene código y hardware abierto»

«Donde haya una plaza relacionada con mi investigación, allá iré. No cierro puertas a ningún país»

De este modo Íñigo resuelve uno de los mayores problemas que existen a la hora de desarrollar las investigaciones. Los sistemas convencionales de captura del movimiento basados en cámaras y marcadores, implican un alto coste y personal cualificado, lo que se traduce en un aumento del coste por lo que resulta inviable para el Estado y para el propio paciente. De esta forma, Íñigo Sanz Peña da un paso más centrado en la búsqueda de la rentabilidad económica y en convertir al exoesqueleto en una estructura más cómoda y ligera tras la sustitución de cámaras y marcadores por un sistema portable de sensores. Dichos sensores son complementados por una herramienta de visualización online y un modelo matemático multicuerpo. Este sistema portátil permite adquirir los datos referidos al movimiento de las extremidades superiores mediante sensores inerciales adheridos a la ropa.

Una invención novedosa

Los exoesqueletos, también conocidos como, son estructuras externas utilizadas para sostener el cuerpo. Unas estructuras que han tenido un desarrollo reciente. El primer exoesqueleto orientado a personas discapacitadas se desarrolló en el año 2002. Se denominó HAL 3 y fue obra del ingeniero y profesor en la Universidad de Tsukuba en Japón, quien comercializó su obra a través de su empresa Cyberdyne. En 2013, llegó el paso definitivo. En agosto, el robot HAL se convirtió en el primer dispositivo robótico para tratamiento médico. Un paso que ha sido complementado por Iñigo Sanz con una investigación que da un salto más en la rentabilidad de un producto innovador.

La fuerza de contacto con el suelo se registra mediante el empleo de suelas sensitivas. Este será el punto de partida para muchos otros ingenieros. Su diseño evolutivo permite adaptarlo a diferentes necesidades, proporcionando así una herramienta a investigadores implicados en el diseño de exoesqueletos. Se trata así de una investigación de código y software abierto orientado a la desarrollo de otros sistemas y estructuras complementarias con el estudio del ingeniero riojano. Un trabajo que puede ser realidad a corto plazo debido a que no busca obtener un beneficio económico sino colaborar para convertir el planeta en un lugar más sencillo donde los problemas físicos no sean un inconveniente en una sociedad en constante progreso. Una evolución que Íñigo Sanz Peña continuará gracias a sus futuras investigaciones. «En España o donde sea», afirma, pero siempre leyendo, investigando, refutando datos acerca de los esqueletos externos.

«Los medios que el Estado proporciona en materia económica son insuficientes. Hacen falta más»

En definitiva, sin dejar de lado un proyecto que para el desde hace unas pocas semanas doctor por la Universidad de La Rioja, siempre ha mostrado interés. Quizás porque es un tema que le toca desde cerca, pero sobre todo porque su alma científica no le permite estar ni un momento sin dar rienda suelta a su talento. La ciencia, la constante evolución de lo imperfecto.