La inventora de la vida cotidiana

La estadounidense Beulah Louise Henry, que fue autodidacta, una de las creadoras más prolijas de la historia con avances en objetos comunes como los paraguas, los juguetes o las máquinas de escribir

DAVID VALERA MADRID

La Real Academia de la Lengua Española define 'inventar' en su primera acepción como «hallar o descubrir algo nuevo o no conocido». Pero para que ese hallazgo tenga éxito habría que añadir que se le sepa encontrar una utilidad y, por supuesto, debe contar con la dosis de suerte precisa para que sea aceptado y valorado por la sociedad de época. En caso contrario está condenado al ostracismo.

Sin embargo, algunos genios consiguen repetir esa fórmula exitosa una y otra vez y dedican toda su vida a crear multitud de avances. Sin duda, entre los mayores inventores de la historia se encuentran mentes tan brillantes como las de Leonardo Da Vinci o Thomas Edison. Pero en esos puestos de honor también hay que dejar espacio para Beulah Louise Henry. Esta mujer logró más de un centenar de inventos y 49 patentes, la gran mayoría pensados para facilitar el día a día de la creciente clase media. No en vano, fue conocida como 'Lady Edison' por emular la prolija creación del empresario estadounidense. Pero a diferencia de Edison, Louise Henry no logró el reconocimiento que correspondía a una vida entera dedicada a tratar de mejorar los aspectos más cotidianos de las personas.

Beulah Louise nació en 1887 en la ciudad estadounidense de Raleigh, en Carolina del Norte. Su familia era de clase alta. De hecho, era nieta de un gobernador de su estado natal y descendiente de uno de los padres fundadores de EE UU (Patrick Henry). Esta situación económica holgada le permitió una educación privilegiada. A esto se unió su capacidad innovadora, lo que le ayudó a plasmar desde muy pronto sus inventos.

De esta forma, siendo una adolescente ya fue capaz de desarrollar algunos diseños y bocetos de artilugios. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que Louise Henry no recibió una formación científica. Por tanto, todos los inventos que desarrolló fueron gracias a un aprendizaje sobre mecánica autodidacta.

Pero sus esfuerzos tuvieron pronto recompensa. Así, en 1912 logró la primera patente. Consistía en una heladera. En concreto, la principal novedad de la máquina es que tenía una cámara congeladora que permitía hacer esta tarea de forma rápida y eficaz.

Sin embargo, la mente inquieta de Beulah Louise hizo que inmediatamente después llegaran nuevos ingenios. Así, en 1913 obtuvo una nueva patente por un bolso con cubiertas intercambiables, lo que permitía que fuese utilizado con distintas prendas de diferentes colores sin necesidad de desprenderse de él. Asimismo, el bolso era muy flexible para que se introdujeran con facilidad los artículos de compra. Ese mismo año patentó un parasol con un mango desmontable que podía utilizarse como estuche de maquillaje.

Primer gran éxito

Precisamente, los paraguas fueron una de las fuentes de inspiración para Beulah Louise. Así, en 1921 desarrolló uno de estos artículos que permitía intercambiar sus telas por otras de distintos colores sin que eso afectara a la protección contra la lluvia. Este avance tuvo muy buena acogida y propició que Beulah Louise fundase una empresa para comercializar el producto. Fue el primer gran éxito de su prolija carrera inventora. Esta demanda de paraguas intercambiables le valió ser nombrada por las revistas especializadas como una de las inventoras del año.

El siguiente paso fue desarrollar una muñeca-radio, es decir, un juguete que pudiera hablar. Hay que tener en cuenta que la experiencia en este tipos de artilugios era grande. De hecho, en el siglo XIX ya se patentaron varias muñecas capaces de reproducir algunas palabras según se apretara un brazo u otro. La novedad de Beulah Louise era que introducía un sistema de radio interno con el que se podía sintonizar los distintos diales.

Durante los siguientes años desarrolló más inventos relacionados con los juguetes. Ya en la década de los treinta, patentó una máquina de coser cuyo avance consistía en que las agujas actuaban por las dos partes del tejido. Su actividad prosiguió con artilugios para reducir el ruido de las máquinas de escribir. Su última patente estuvo relacionada con los sobres. Tenía 83 años. Finalmente falleció en 1973.