La isla de La Graciosa declara su independencia energética

El aprovechamiento de la energía solar, la gran baza del proyecto de la pequeña isla canaria./
El aprovechamiento de la energía solar, la gran baza del proyecto de la pequeña isla canaria.

Ha reducido la factura de la luz entre un 25 y 30% gracias al autoabastecimiento

ARANTXA HERRANZMADRID.

Es la octava de las Islas Canarias y, según algunas crónicas, el secreto mejor guardado del archipiélago. Esta pequeña isla de 29 kilómetros cuadrados pertenece, en realidad, a Lanzarote. Además del encanto de su paisaje (es uno de los pocos lugares de Europa donde todavía no hay carreteras asfaltadas), es un destino turístico alejado de las masas, ideal para quienes quieren huir de la ciudad y tener un estilo de vida totalmente diferente.

En La Graciosa solo hay dos pueblos habitados: Pedro Barba, una zona de veraneo, y Caleta del Sebo, donde viven los gracioseros. Entre los dos apenas suman 700 habitantes. Sin embargo, y además de poder hacer excursiones en barco a los islotes que pertenecen a la Reserva Marina, La Graciosa es un paraíso del respeto al medio ambiente. Sus habitantes y visitantes suelen moverse en bicicleta o simplemente a pie.

Además, la isla está inmersa en un proyecto que quiere hacer que la isla sea autosuficiente -energéticamente hablando- y que este consumo provenga siempre de energía renovable.

«El proyecto consiste en una microrred que aporta luz mediante placas fotovoltaicas con baterías»

«Existe una comunicación directa y constante con las agencias de meteorología»

En estos momentos, el suministro de energía de La Graciosa depende de un cable que la une a Lanzarote. Pero este pequeño territorio quiere ser autosuficiente energéticamente hablando y apuesta por las energías limpias.

Por eso, hace tiempo que se puso en marcha el proyecto G.R.A.C.I.O.S.A. (Generación Renovable con Almacenamiento y Consumos Inteligentes para la Operación de redes de distribución con Sistemas de Autoconsumo). Con él, en la isla se está implantando una microrred que aporta generación distribuida mediante placas fotovoltaicas con unas baterías y ultracondensadores que ayudarán a gestionar las variaciones de energía. A este sistema se le añade un amplio abanico de tecnologías para integrar de manera eficiente la energía fotovoltaica en las redes convencionales.

En proyecto desde 2015

El consorcio que promueve el proyecto (en el que participan empresas privadas y públicas) ha implantando una microrred, compuesta las placas fotovoltaicas instaladas y por las baterías y ultracondensadores, que ayudan a gestionar la energía. Además, para que esta energía pueda llegar y se integre fácilmente en las redes convencionales se instalaron diversas tecnologías como comunicaciones PLC, automatismos de baja y media tensión, sistemas de monitorización y control en tiempo real, aplicaciones de eficiencia energética y gestión activa de la demanda.

El objetivo final de este proyecto, que se puso en marcha en 2015, era convertir a La Graciosa en una isla con un autoabastecimiento estable con energía limpia. Gracias a las comunicaciones PLC, a los automatismos de baja y media tensión, los sistemas de monitorización y control en tiempo real, las aplicaciones de eficiencia energética y la gestión activa de la demanda, la isla podrá convertirse en un referente a nivel estatal y mundial.

Para acometer este importante proyecto, las empresas y organismos implicados también han desplegado otra serie de tecnologías, de manera que exista una comunicación directa y constante con las agencias de meteorología y con el mercado eléctrico. Además, se han desarrollado unos algoritmos inteligentes de gestión de renovables, almacenamiento y climatización, con el fin de ganar en eficiencia energética en la zona.

Desde el móvil

Los usuarios pueden gestionar su electricidad desde sus teléfonos móviles y, según los datos públicos, la factura de la luz se ha reducido entre un 25% y un 30% por causas tan variadas como la gestión óptima térmica cuando se consume energía de la red, a la reducción de picos de consumo, la gestión óptima del agua caliente o de las baterías. Algo que también conlleva la reducción del CO2.

Cabe señalar que este proyecto ha supuesto una inversión de 2,4 millones de euros subvencionado por el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), apoyado por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad y cofinanciado por Fondos Estructurales de la Unión Europea (Feder), que han aportado un millón de euros a través del Programa Innterconecta 2015. Este importe está destinados a una mayor fiabilidad del suministro energético en la isla, un uso más eficiente de la energía, la diversificación de las fuentes y una mayor participación de los residentes en la generación y venta de energía eléctrica.

El éxito de este proyecto pionero en España está llevando a tener un piloto en algunas viviendas de Madrid, donde la reducción del consumo eléctrico está rondando el 36,8% diario (lo que se traduciría en una rebaja de la factura de la luz del 31%).

Proyectos por el mundo

El de La Graciosa no es el único lugar autosuficiente energéticamente hablando del mundo. Barcelona, Frankfurt o la ciudad de Malmo (Suecia) son algunas de las que también tienen como objetivo ser autosuficientes en el consumo de electricidad.

En el Archipiélago de Tokelau, en el Océano Pacífico, el 100% de la energía eléctrica se genera a través de paneles solares. Sus 1.500 habitantes (repartidos por las diferentes islas) tienen 4.000 paneles para su propio suministro eléctrico.

Otra isla similar en este sentido es Samso, en Dinamarca, a 120 kilómetros de Copenhague. El plan para volverse autosuficiente comenzó en 1997 y se basó principalmente en la implementación de energías limpias. En la actualidad, esta población de algo más de 4.000 personas utiliza once aerogeneradores que pueden cubrir el suministro de electricidad.

Además, en Samso van un paso más allá porque cuentan con centrales eléctricas de biomasa y parques solares que pueden producir el 70% del calor necesario. Lo que no han podido eliminar es la dependencia del petróleo para el transporte, aunque esto empieza a cambiar. Algunos de sus vecinos ya están usando automóviles eléctricos y se espera que el número de estos continúe aumentando como lo está haciendo en el resto del mundo.

 

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