Las llamadas tierras raras se convierten en el oro del siglo XXI

Las llamadas tierras raras se convierten en el oro del siglo XXI

China almacena la mayoría de estos diecisiete minerales extraños que dan vida a la tecnología a través de la fabricación de todo tipo de productos

J. A. GONZÁLEZMadrid.

«Estos minerales críticos pasan inadvertidos muchas veces, pero sin ellos la vida moderna sería imposible». Así de contundente se mostraba Wilbur Ross, secretario de Comercio de Estados Unidos, hace pocas fechas.

Hablamos, en concreto, de 17 elementos químicos que popularmente se conocen como tierras raras. Sin embargo, no son tan extrañas como su denominación indica y están presentes en su mayoría en la corteza terrestre. Aunque su dispersión impide que sea frecuente encontrar concentraciones de ellos.

Una búsqueda importante que lleva a un lugar: China. Se calcula que cuenta con el 37% de las reservas mundiales, según la firma de análisis de mercado Research and Markets. Especial relevancia toma Baotou, en Mongolia Interior, la principal zona de explotación, que acapara el el 80% del suministro mundial y también el 85% de la capacidad global de procesado.

Más de un tercio de las reservas de tierras raras están en China y EE UU importa de ella el 80% de su demanda Pekín controla las exportaciones de estos materiales para atraer inversiones dentro del país

A esa gran mina se suman otras tres destacadas en el gigante asiático: Liangshan, Ganzhou y Longshan. El otro 20% mundial se reparte entre Australia, Brasil, India, Rusia, Vietnam, Malasia o Tailandia. Con este reparto China se asegura el cuasimonopolio de materias primas que dan vida a a ordenadores, teléfonos móviles, coches eléctricos, fibra óptica, entre otros.

Según la agencia Bloomberg, en el mundo hay 120 millones de toneladas de reservas de estos minerales, de los cuales 44 millones se hallan en territorio chino, es decir, más de un tercio. Y EE UU importa el 80% de las tierras raras que necesita de su rival.

«Oriente próximo tiene petróleo. China tiene tierras raras», dijo en 1992 el presidente Deng Xiaoping. A principios de este mes, el Departamento de Comercio de Estados Unidos lanzó un plan para fomentar la localización y extracción de minerales raros con el objetivo de reducir la dependencia de fuentes extranjeras con las que no tiene buena sintonía comercial, como Rusia o China.

En un informe remitido al presidente de EEUU, Donald Trump identifica 35 minerales cuya importancia es crítica para la economía y la seguridad nacional. La industria estadounidense importa más del 50% en 29 de los 35 minerales de este tipo que demanda, mientras que 14 de ellos no se encuentran en suelo norteamericano.

En 2015, Pekín ya hizo temblar al mundo con un mayor control en la exportación de estos materiales. Hace cuatro ejercicios, China introdujo un nuevo impuesto sobre la comercialización en el interior del país. Además, el Gobierno chino pasó a controlar las exportaciones y consiguió intercambiar estos materiales si las empresas movían su producción a tierras chinas.

De momento se desconocen las cifras exactas de extracción y producción este ejercicio. Sin embargo, según Forbes, Pekín ha extraído un total de 60.000 toneladas en la primera mitad de 2019.

Impacto ambiental

Estos quince lantánidos de la tabla periódica más el escandio y el itrio son una fuente importante de riesgos medioambientales si se falla en su extracción. En el proceso de separación de estos minerales en sus yacimientos pueden generarse importantes residuos tóxicos que pueden contaminar el aire, el agua y el suelo de los alrededores.

La extracción se hace a cielo abierto. Producir una tonelada da lugar a entre 9.600 y 12.000 metros cúbicos de gas residual con polvo concentrado, ácido fluorhídrico, dióxido de azufre y ácido sulfúrico, unos 75.000 litros de agua residual ácida y, además, alrededor de una tonelada de residuos radiactivos.

Un equipo de científicos de la Escuela Universitaria de Ingeniería Rudgers ha descubierto como producirlos de forma más barata y, además, luchando contra la contaminación. El proceso se basa en el fosfoyeso, un residuo generado con la producción industrial de ácido fosfórico.

Según los investigadores estadounidenses, cada año se producen unas 10.000 toneladas de fosfoyeso como residuos de la industria, casi la misma cantidad de tierras raras que se producen.

El método para extraer las tierras raras del fosfoyeso implica el uso de ácidos orgánicos, producidos por bacterias cultivadas en glucosa. Los investigadores crearon una mezcla de estos ácidos con minerales, para extraer seis tierras raras del fosfoyeso, aunque por ahora se ha hecho en el laboratorio y no al natural.

Más