Las nuevas baterías de automóviles del futuro se apuntan al calcio

Enchufe de un eléctrico. /AFP
Enchufe de un eléctrico. / AFP

J. A. GONZÁLEZ

madrid. El parque móvil eléctrico sigue creciendo y se prevé que en 2040 se vendan alrededor de 60 millones de coches eléctricos, es decir el 55% del mercado mundial de automóviles. Un importante impulso para este segmento del motor, pero que arroja dudas sobre los materiales que dan vida a sus baterías.

En la actualidad, el litio es el recurso estrella para las pilas de los vehículos eléctricos y el precio de estas se ha desplomado desde los 1.000 dólares/kWh hasta los 209 dólares/kWh que marcó a principios del pasado ejercicio.

Las reservas de litio están concentradas y su extracción tiene un gran impacto en el entorno y en el medio ambiente. En Europa, Portugal, los países nórdicos y la República Checa albergan importantes minas de litio.

El oro blanco de los coches eléctricos también aparece en España. La mayor mina del continente abrirá en 2020 en Montalegre (Portugal), a escasos diez kilómetros de España. Sin embargo, las mayores reservas de litio están en Argentina, Bolivia y Chile.

Para sortear esta importante barrera, investigadores de la Universidad de Córdoba trabajan en buscar un sustituto para evitar problemas de extracción y seguridad, y que funcionen a la perfección. La solución es el calcio.

Liderado por Marta Cabello, el equipo español ha investigado la intercalación del calcio en óxido de molibdeno. Ha avanzado principalmente en la comprensión de las reacciones entre los componentes de la batería, cuando los ánodos son de calcio y los cátodos de óxido de molibdeno mientras intercambian iones y electrones para generar energía eléctrica.

Sales y disolventes

«Esto requiere probar con diferentes composiciones de sales y disolventes en la proporción óptima, para que el calcio pueda intercalarse mejor y más reversiblemente en el óxido de molibdeno, y que luego el calcio sea compatible con la disolución electrolítica», señalan en su estudio.

El calcio es más abundante que el litio y más seguro. Este recurso también permite que las nuevas baterías tengan más capacidad, dando más autonomía a los coches eléctricos. No obstante, «es necesario mejorar la composición de la disolución electrolítica».