¿Quién es el propietario real de la Luna?

¿Quién es el propietario real de la Luna?

El vacío legal puede provocar grandes disputas entre países para explotar los recursos del satélite terrestre

J. A. GONZÁLEZMadrid

Las primeras misiones en llegar a cometas ya han sido completadas. La última estuvo firmada en 2016 por la Agencia Espacial Europea con Rosetta y el pequeño Philae, que sufrió para anclarse al escarpado terreno del su asteroide.

La NASA lleva su propio camino con OSIRIS-REx, una misión puesta en marcha también en 2016 y con su finalización próxima, en diciembre. El objetivo que se planteó fue un ensayo a escala real de lo que puede llegar a proporcionar la minería espacial. La referida sonda está preparada para traer hasta dos kilos de Bennu, el cometa que le ha cobijado los últimos cuatro años.

No obstante, los mayores éxitos parecen acumularse en Japón. Hayabusa es su apuesta ambiciosa para activar la minería más allá de la estratosfera terrestre.

Los científicos nipones pusieron en órbita su robot que llegó hasta el asteroide llamado Itokawa, para luego volver con diferentes muestras. Hayabusa ya tiene una hermana gemela, que estudia otra roca espacial similar, Ryugu.

La Luna es el escenario que más pasiones con sus probables mares de agua congelada pero, ¿a quién pertenece ese bien preciado? «Todavía no está claro y las discusiones legales están en curso», apunta Detlef Koschny, experto de la Agencia Espacial Europea (ESA). «Lo que se necesita es un gran acuerdo, por ejemplo, del Grupo de Trabajo Jurídico de la Comisión sobre la Utilización del Espacio Ultraterrestre con Fines Pacíficos de las Naciones Unidas», añade.

En el lado opuesto está Josep María Trigo, investigador principal del Grupo de Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias del Instituto de Ciencias del Espacio (ICE, CSIC-IEEC), para quien su propiedad debería corresponder, «en términos generales, a quienes los identifiquen, caractericen y reclamen primero».

En 1967, varios países comenzaron la redacción y aprobación de una serie de tratados internacionales que «prohíben que ninguna nación o particular reclamen derechos de propiedad sobre cualquier objeto celeste».

Ya en la década de los 80, Dennis Hope logró que una autoridad local de Estados Unidos le reconociera la propiedad de la Luna. Recurrió una ley de la época del lejano Oeste (sobre asentamientos rurales), según la cual se podía reclamar la posesión de una zona inhabitada si nadie presentaba un documento acreditativo anterior.

Un año antes, las Naciones Unidas plantearon el Acuerdo de la Luna que buscaba gestionar los recursos lunares como ocurre con los del océano, pero fracasó. Solo 18 países lo firmaron y entre los opositores se encontraban los más poderosos.

La idea buscaba la expedición de una licencia internacional para extraer los recursos en el satélite terrestre. «En 2015 salió una ley en Estados Unidos que permitía que cualquier compañía americana que fuera a un asteroide y extrajera materiales de allí pudiera traerlos de vuelta y venderlos como propiedad de la empresa», destaca José Luis Galache, cofundador y CTO de la firma Aten Engineering.

A este lado del Atlántico, Luxemburgo también ha tomado la misma senda que Washington. «En Europa si traes materiales de un asteroide son legalmente tuyos y los puedes vender. Esos son pasos de apertura importantes, aunque aún tenemos otros problemas legales más grandes», sentencia Galache. Con todo, ya ha comenzado la fiebre por el oro espacial.