El proyecto HU-CI expande sus propias fronteras

Dos pacientes en la habitación de un hospital junto a uno de sus familiares. / A. AGUILAR
Dos pacientes en la habitación de un hospital junto a uno de sus familiares. / A. AGUILAR

La estrategia de humanizar las unidades de cuidados intensivos pasa ahora por poner en el centro de todas las decisiones a las personas

A. HERRANZ

Poner a las personas (pacientes, familia y profesionales) en el centro. Con este objetivo Gabi Heras, médico intensivista, puso en marcha en febrero de 2014 el Proyecto HU-CI, una iniciativa que buscaba humanizar las UCI (unidades de cuidados intensivos). Su filosofía no solo se ha extendido a otras áreas de la sanidad, sino que ha traspasado sus propias fronteras y se empieza ya a aplicar a otras áreas como la justicia o la policía. «Es una revolución filosófica que implica adaptar la metodología a otros campos», explica.

El proyecto ha crecido tanto que se ha creado un manual gratuito de buenas prácticas (160 recomendaciones) para cambiar el modelo de gestión de UCI. Además, hay un modelo de certificación con AENOR para verificar de manera externa que se cumple. Los hospitales pueden, a través de una herramienta web, realizar su propio autodiagnóstico. Más de 200 unidades han hecho este test, y entre el 40 y 60% están cumpliendo ya esas buenas prácticas.

La Universidad de Barcelona también ha generado un máster de humanización de la asistencia sanitaria. El reto es que toda esta filosofía acabe siendo una asignatura más en el grado universitario.

Una de las caras más visibles de esta humanización es el rediseño y acondicionamiento de los espacios hospitalarios, o la flexibilización de los horarios de visitas. «Con más tiempo la familia está contenta y el paciente se cura antes, y eso genera menos gasto», explica apostillando que también «se intenta prevenir el síndrome de cuidados intensivos. No es solo sobrevivir sino hacerlo con calidad».

Una de las áreas de la medicina en la que más evidente es esta humanización es en pediatría y neonatología. Algo que, entre otras razones, vino motivada por la lucha de una paciente, Esther Peinado, cuya reivindicación logró que por ley las unidades de neonatos fueran abiertas 24 horas al día. «Lo aprobó Ana Mato como ministra de Sanidad», rememora Heras, quien busca que esta norma se acabe extendiendo a todas las áreas de la medicina. «Los mayores -cuenta- a veces pasamos más miedo y somos más conscientes de lo que es pasar tantos días en un hospital».

La barrera del gasto

El proyecto se sustenta en tres ejes: pacientes, familia y profesionales. «¿Quién cuida al que cuida? -se pregunta-. Muchas veces olvidamos a los médicos, enfermeros y auxiliares, y muchos padecen el síndrome del quemado, sin descartar irse a profesión», explica este médico, quien reconoce que a los profesionales se les enseña medicina pero no cómo contar las cosas. «Una cosa es ejercer y otra la profesión -advierte-. El sistema es muy eficiente y productivo. Se salvan muchas vidas, pero el 50% de los sanitarios elegiría otro trabajo».

Toda esta situación fue la que le llevó a montar esa iniciativa. Los dos primeros años fueron, sobre todo, de difusión del proyecto y para generar conciencia. «Se entendió el mensaje y cómo hacerlo. Se establecieron líneas trabajo e investigación (para lograr datos concretos) y en este tiempo -cuenta- hemos publicado más de 70 artículos con impacto internacional sobre los resultados obtenidos».

Sin embargo, Heras se lamenta de que las medidas que suponen un gasto (más recursos humanos, formar a los que hay, disponer de más habitaciones, etcétera) son las más complicadas de poner en marcha por parte de los políticos.

En el lado positivo se encuentra el contagio de esta filosofía a otras áreas, como la judicatura o la policía, quienes están cambiando hacia el modelo de proximidad y no autoritario. «El objetivo es que la gente no tenga miedo de hablar con estas profesiones. Y eso se consigue con muchas habilidades no técnicas, como la empatía, que se puedes entrenar», explica Heras.