El Nobel de Medicina más joven de la historia

El Nobel de Medicina más joven de la historia

El canadiense Frederick Banting recibió este galardón con sólo 32 años junto a su colega John Macleod por el éxito del tratamiento de la insulina en personas con diabetes en 1923

DAVID VALERAMADRID.

Inyectarse insulina se ha convertido en un hábito rudimentario y sencillo para miles de personas. Ese simple gesto les permite llevar prácticamente una vida normal a pesar de sufrir diabetes. Una enfermedad que en su variante menos agresiva y más común -la tipo 2- afecta al 13,8% de los españoles mayores de 18 años. Sin embargo, alrededor de un 5% de los diabéticos padecen el tipo 1 de esta afección, lo que supone que necesitan pincharse insulina diariamente, según datos de la Fundación para la Diabetes.

Por suerte, los avances médicos han permitido que estas personas puedan mantener una calidad de vida muy razonable pese a su enfermedad crónica. Sin embargo, no siempre fue así. Y uno de los principales responsables de esta gran mejora fue Frederick Banting, quien descubrió la técnica para aislar la insulina y lograr combatir la diabetes con ella. Este importante logró le valió convertirse en el galardonado más joven del Nobel de Medicina.

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Banting nació en 1891 en la ciudad canadiense de Alliston. Estudió la carrera de medicina y nada más graduarse en 1916 se incorporó al ejército para participar en la Primera Guerra Mundial, donde la demanda de doctores era incesante. Fue destinado al frente de Francia. Allí prestó servicio y fue herido por una bala en la batalla de Cambrai. Su comportamiento valeroso durante la contienda quedó acreditado por la Cruz Militar.

Silenciadas las armas, Banting regresó a Canadá para seguir profundizando sus estudios. En concreto, se especializó en medicina ortopédica y trabajó como cirujano. Sin embargo, la persona que daría un paso fundamental para reducir la mortalidad de la diabetes se interesó por el tema casi de casualidad. Fue a raíz de la lectura de varios artículos sobre el páncreas y su influencia en la diabetes lo que despertó su curiosidad. En aquella época, varios médicos habían realizado ya importantes descubrimientos en este campo.

De hecho, el endocrino británico Edward Albert Sharpey-Schafer había detectado la hormona responsable de regular el azúcar en la sangre, a la que llamó insulina. Este investigador se dio cuenta de que la ausencia de esta hormona provocaba los altos niveles de glucosa en la sangre. Tanto él, como otros médicos trataron de aislar la insulina y extraerla de la células del páncreas para estudiarlas mejor y poder tratar la enfermedad. Sin embargo, los intentos fracasaron. Es en ese punto donde Banting adquiere un papel clave. El canadiense se puso en contacto con el médico John Rickard Macleod, profesor de fisiología en la Universidad de Toronto, quien le ayudó y le cedió sus laboratorios para llevar a cabo sus investigaciones.

Ambos médicos contaron con la ayuda del joven estudiante de medicina Charles Best y del químico James Collip. El equipo trabajó de manera incansable y enseguida obtuvieron resultados positivos. Tanto evolucionaron que en apenas un año, Banting había logrado extraer la insulina y probarla en pacientes. En 1922 publicaron el primer artículo científico en el que explicaban el éxito de su método y los resultados obtenidos. Bajo el título 'Extractos pancreáticos en el tratamiento de diabetes mellitus apareció en el Canadian Medical Association Journal. Posteriormente escribieron más artículos en los que detallaban las mejoras de su método.

En 1923 la Academia Sueca reconoció el importante hallazgo con el Nobel de Medicina para Banting y Macleod. El médico canadiense contaba con tan sólo 32 años, lo que le convirtió en el galardonado más joven en esta disciplina. En cualquier caso, ambos compartieron el premio con sus ayudantes Best y Collip. En los años siguientes Banting continuó recibiendo distintos reconocimientos e incluso creó un instituto de investigación con su nombre centrado en el estudio de la silicosis y el cáncer.

De esta forma, Bating dejó poco a poco a un lado los estudios de la diabetes y se interesó más por otros problemas. Uno de los últimos que le ocupó tuvo que ver con las molestias que experimentaban los pilotos de aviones militares al volar a determinadas velocidades. Pero de nuevo la guerra se cruzó en su camino y durante el segundo conflicto mundial buscó tratamiento para las quemaduras producidas por el gas mostaza. Falleció inesperadamente en 1941 en un accidente de avión.

 

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