El trono de la tecnología abre otra 'guerra fría'

El trono de la tecnología abre otra 'guerra fría'

Disfrazada de batalla comercial, China y Estados Unidos intercambian golpes arancelarios que, en realidad, buscan el dominio tecnológico en el siglo XXI

JOSÉ A. GONZÁLEZMadrid

Durante su mandato, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha iniciado una batalla para reducir el déficit comercial con sus socios mundiales. Una lucha que no entiende de misiles, sino de aranceles, pero que puede desestabilizar un país y llevar a la quiebra a su economía. El último capítulo en su polémica hoja de ruta es China y su tecnología.

Trump estableció en sus órdenes gubernamentales imponer aranceles por valor de 250.000 millones de dólares a productos chinos en 2018. China reaccionó e impuso más tasas a las importaciones estadounidenses por otros 110.000 millones de dólares. Un juego de ajedrez entre dos bloques que cada vez más tiene visos de convertirse en la 'guerra fría' del siglo XXI.

Una batalla entre dos potencias antagonistas -las números uno y dos a nivel económico en el mundo- que este 2019 se ha centrado en la tecnología, con el nuevo sistema de comunicaciones por telefonía móvil 5G como epicentro. Desde principios del nuevo milenio, China se ha convertido en la gran fábrica tecnológica de las empresas estadounidenses.

Huawei gastó en I+D cerca de 13.800 millones en 2017, casi lo mismo que España en su conjunto | China se mantiene como segundo país del mundo con mayor gasto en investigación y desarrollo

Una de las joyas tecnológicas norteamericanas, los iPhones de Apple, se ensamblan en las factorías de la empresa Foxconn en Shenzhen en China. Es la ciudad donde está la sede de Huawei, el mayor exponente tecnológico del gigante asiático y la gran protagonista de estas luchas entre Washington y Pekín.

Además de ser ensamblados en China, los componentes de los móviles de la marca de la manzana mordida se fabrican en un 96% en Asia. El primer motivo es su bajo coste de mano de obra y, el segundo, porque la mayoría de los minerales usados en estos procesos se encuentra también en este lugar del planeta. Y así igual con millones de componentes que luego se consumen en todo el mundo.

China, polo innovador

La deslocalización y una pequeña apertura económica de la economía china han convertido al gigante asiático en uno de los polos de innovadores del mundo. Estados Unidos, al oeste, y China, al este, son los centros de atención. Solo en 2017, Huawei gastó en I+D (investigación y desarrollo) 13.800 millones de euros. Una cifra que casi iguala al total empleado en este ámbito por España ese ejercicio: 14.042 millones.

La compañía con sede en Shenzhen es la punta de lanza de la apuesta china. El Índice de Innovación del país (CII) aumentó un 6,8 % en 2017 y alcanzó su mayor nivel desde 2005. El CII mide el desarrollo de China en los campos que impulsan la innovación, como los insumos, la producción y sus efectos.

Según datos de la Oficina Nacional de Estadística china (ONE), 19 de los 21 indicadores en I+D crecieron en 2017, con cinco de ellos avanzando a doble dígito. El número de patentes domésticas ese año fue de 1,72 millones, un 5,6 % más que en el anterior; y de todas 327.000 correspondieron a inventos, un 8,2 % por encima de 2016.

China se mantuvo así como segundo país del mundo con mayor gasto en investigación y desarrollo al sumar 1,76 billones de yuanes (225.590 millones de euros) el año pasado, un 12,3 % más.

Por su parte, el Índice Mundial de Innovación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCCDE) clasifica a 126 economías en función de hasta 80 indicadores. Estos van desde los índices de presentación de solicitudes por derechos de propiedad intelectual hasta la creación de aplicaciones móviles, el gasto en educación o las publicaciones científicas y técnicas.

La posición de China en el número 17 de la clasificación de este año representa un gran avance para una economía que está a la vez en un momento de rápida transformación, guiada por unas políticas públicas que están dando prioridad al ingenio dedicado intensamente a la investigación y el desarrollo.

En cuanto a Estados Unidos, si bien ha descendido al puesto número seis en el Índice Mundial de Innovación en 2018, también es una verdadera fuente de innovación que ha aportado muchas de las empresas principales de alta tecnología del mundo e innovaciones que cambian la vida de las personas.

«El rápido ascenso de China pone de manifiesto la orientación estratégica establecida por los máximos dirigentes del país. Su objetivo es crear capacidades de primera calidad en materia de innovación y trasladar la base estructural de la economía hacia industrias más centradas en el conocimiento, que se valgan de la innovación para mantener la ventaja competitiva», afirmó el director general de la OMPI, Francis Gurry.

Desarrollo digital

«Quien domine el 5G, dominará el mundo en los próximos años». Esta frase ya está escrita en los documentos de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, NSA por sus siglas en inglés. Una carrera por el desarrollo digital -el llamado internet de las cosas (IoT) se multiplicará gracias a las nuevas redes de comunicaciones para la telefonía móvil- que en estos momentos domina China con Huawei y ZTE a la cabeza.

La Administración Trump puso contra las cuerdas a ZTE tiempo atrás con la prohibición de vender en Estados Unidos, ni tampoco recibir componentes de empresas estadounidenses. Fue una deci-sión -ya superada, eso sí- que a punto estuvo de hacer quebrar a la firma china.

Ahora el panorama parece idéntico, pero con nuevo protagonista: Huawei. La tecnológica de Shenzhen está acusada de trabajar con el gobierno de Pekín y transmitir a las autoridades chinas información confidencial referente a sus telecomunicaciones.

Bajo esta premisa, Washington y varios países aliados de EEUU han vetado el despliegue de las redes 5G de Huawei. Además, ha sido incorporada a la lista negra de la Administración Trump, por lo que ninguna empresa estadounidense puede negociar ni vender componentes a la compañía china.

Huawei se defiende asegurando que «no hay evidencias ni pruebas de espionaje», según sus directivos. Por el momento, las espadas entre ambos contendientes siguen en lo alto, el proceso innovador está en juego y Europa se ha convertido en un espectador de lujo esperando ganancias en un río muy revuelto.